martes, 22 de noviembre de 2011

‎"Un día tuve un sueño... Soñé que Dios era un maravilloso compositor y en un enorme pentagrama, formado por cinco líneas que eran los dedos de su mano, iba colocando en clave de Amor, infinidad de notas musicales, cada una diferente, única...
Soñé con poder escuchar, algún día, aquella bellísima melodía... y disfrutar tanto, tanto... que desearía que no terminara nunca.
Comprendí que cada ser humano era una de aquellas notas que con infinita ternura, Él iba colocando en el lugar adecuado... y recordé cuantas veces me he negado a hacer su voluntad... Comprendí que cada vez que me rebelo, una nota desafina...
Y aprendí, con aquel sueño, a dejarme llevar por el Maestro para no estropear jamás, esa bella melodía, de la que estoy seguro, algún día podremos disfrutar todos..." (Autor desconocido)